Raul Arauco
Hace algún tiempo pensábamos ir hacia una de las lagunas donde llegamos alguna vez, el clima, el no recordar el camino salvo solo por trechos y haber dejado de hacer rutas largas eran la dificultad en esta salida, llegando al punto donde la neblina no nos dejaba ver más allá de algunos metros y elegir entre el camino que recordábamos y otro que los pobladores nos decían que llevaba a la laguna, marco esta salida.
Domingo 4 de diciembre inicia esta aventura, salimos del parque Echenique rumbo a Matucana, al llegar una última compra de un mate para tomar en la noche y salimos, casi a las 11:00 iniciando el camino alterno a la cascada de Antankallo, ese de la izquierda, una subida tranquila hasta llegar al anexo de Soca, ahí donde las plantas de flores ornamentales ya estaban sembradas, cruzar un puente que nos lleva de camino hacia Huillpa que era el siguiente punto, al llegar nos percatamos que habíamos hecho más tiempo que otras veces, la velocidad ya no era la misma, nos preocupaba ya que en los planes estaba llegar a la laguna Huasca ese mismo día( como, buena pregunta) la neblina se asomaba en las montañas más altas, Francisco recordaba un reservorio de agua y yo un camino empedrado en partes a los costados, seguíamos subiendo,
Al despertar, y ver como el sol ilumina los picos de las montañas que estaban delante nuestro, no sabíamos si seguir el camino hacia Huasca o regresar, de todos modos fui a la estancia donde la niña había corrido a ver si encontraba un adulto, para suerte nuestra su madre salió, nos señalo una pampa luego a la derecha donde se encontraba la última estancia de la zona, conversando con la señora le pregunte si el puma aun rondaba esa zona y su respuesta fue afirmativa, en la última visita se llevo una gallina de su corral, pero refería que la estancia donde llegaríamos era donde más iba, regrese hacia donde acampamos, tomamos desayuno, guardamos la carpa, preparamos mochilas, nos animamos a seguir subiendo a pesar del cansancio y saber que el regreso sería duro, llegamos a la loma, a lo lejos se veía la estancia, el caso era que el ganado hace 10 caminos más aparte del principal, dimos una vuelta innecesaria pero llegamos a la estancia, un señor y su pequeño hijo( además de los perros) nos dieron la bienvenida, sabía de nuestra presencia, su hija ya le había anunciado (al preguntarle acerca del puma dijo que era cierto, hace unos meses se llevo uno de sus chivos de aproximadamente 15 Kg) nos indico el lugar, a lo lejos se veía como la
última subida hacia la laguna Rapagna, nos indico pasar unos farallones hacia la izquierda luego voltear a la derecha, seguir y la tan ansiada laguna estaba ahí, perdimos el camino más de una vez, la famosa curva hacia la derecha no la vimos, pero por la geografía de las montañas íbamos sacando la línea de camino, un último tramo, una última subida y Huasca estaba ahí, por fin, llegamos a las 10:15 pude ver que el nivel del agua era menor del que recordaba, unas aves nadaban más allá, la laguna tiene vida, ahí donde el que menos porque cree que el color verde no existe la vida tampoco, se equivoca, la vida busca adaptarse al entorno, nos quedamos solo 15 minutos, la neblina ya se acercaba y el descenso fue otra historia, de buscar nuestras huellas, de descubrir todas las rutas de desvío que habíamos tomado, de llegar con cansancio hacia Matucana, de encontrar a casi todas los pobladores que